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Oficio para el Viernes Santo

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Oficio para Viernes Santo


Todos en pie, el Ministro comience diciendo:

    EL Señor está en su santo templo.
    R. Calle delante de Él toda la tierra.
    V. Cristo Jesús, cuando aún éramos flacos, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas muere alguno por un justo; con todo, podrá ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros: luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.
    R. Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación.

    HERMANOS muy amados: Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros. Mas Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo; y él es la propiciación por nuestros pecados; y no sólo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Por tanto, humillémonos en la presencia de Dios, y digámosle con el profeta David:

Y todos de rodillas, dígase alternadamente por el Ministro y la Congregación el

SALMO 51.

    TEN piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; * conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
    2. Lávame más y más de mi maldad; * y límpiame de mi pecado.
    3. Porque yo conozco mis rebeliones; * y mi pecado está siempre delante de mí.
    4. A ti, a ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; * por tanto, serás justo al hablar Tú, puro serás Tú al juzgar.
    5. Pero mira que en maldad nací; * y en pecado me fomentó mi madre.
    6. He aquí, Tú quieres la verdad en lo íntimo; * y en lo oculto me harás conocer sabiduría.
    7. Purifícame con hisopo, y seré limpio; * lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
    8. Hazme oír gozo y alegría; * y se recrearán los huesos que has abatido.
    9. Aparta tu rostro de mis pecados; * y borra todas mis maldades.
    10. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; * y renueva un espíritu recto dentro de mí.
    11. No me arrojes de tu presencia; * y no quites de mí tu santo Espíritu.
    12. Devuélveme el gozo de tu salvación; * y el espíritu de generosidad me sustentará.
    13. Enseñaré a los transgresores tus caminos; * y pecadores se convertirán a ti.
    14. Líbrame de sangres, oh Dios, Dios de mi salvación; * mi lengua celebrará tu justicia.
    15. Señor, abre mis labios; * y publicará mi boca tu alabanza.
    16. Pues no quieres Tú sacrificio, que yo daría; * ni te complaces en holocausto.
    17. Sacrificios para Dios son el espíritu quebrantado; * al corazón quebrantado y contrito no despreciarás Tú, oh Dios.
    18. Haz bien en tu beneplácito a Sión; * edifica los muros de Jerusalén.
    19. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto y la víctima completa; * entonces se ofrecerán novillos sobre tu altar.

(No se dice Gloria y honor.)
 

 Office for Good Friday

¶ Terminado el Salmo, el Presbítero (o el Obispo, si está presente), levantándose, diga:

    OH Dios benigno y siempre misericordioso, que aceptas a los mansos y humildes de corazón, y has dado autoridad a tus Ministros para declarar el perdón, la reconciliación y la paz eterna a todos los que, entristecidos por sus pecados, vuelven a Ti con fidelidad y verdad. Despierta en estos tus siervos que te han confesado ahora sus pecados, el sentimiento de tu presencia y de tu pureza; obra en ellos un arrepentimiento verdadero; perdona todos sus pecados y límpialos de toda impureza de cuerpo y de alma; pon en ellos novedad de vida, y acéptalos en tu Hijo amado; para que siendo santificados por tu divino Espíritu, sientan la consolación y gozo espiritual que es patrimonio de tus hijos, y obtengan la realización de tus santas y eternas promesas; mediante nuestro Señor y Redentor Jesucristo.
    R. Amén.
    V. La alabanza del Señor hablará mi boca.
    R. Y bendiga toda carne su santo nombre por siglo y para siempre.

Todos en pie, cántese o léase la siguiente ANTÍFONA:

    HABRÁ manantial abierto para la casa de David, 
    Y para los moradores de Jerusalén;
    Para lavar el pecado y la impureza.

¶ Después de la Antífona, sentada la Congregación, el Ministro, en pie, diga:

    LA lección del Antiguo Testamento se halla en el libro del Génesis, capítulo 22.

Y lea Génesis, XXII. 1 a 18.

¶ Terminada la Lección, todos en pie, diga el
Ministro
:

    CLEMENTE y misericordioso es el Señor.
    R. Lento para la ira y grande en misericordia.

Y cántese o léase la siguiente ANTÍFONA:

    No hay más Dios que yo: Dios justo y Salvador; Ningún otro fuera de mí.
    Mirad a mí, y sed salvos todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más.

¶ Después de la Antífona, léanse las palabras de Miqueas, VI. 2 a 8,como sigue:

El Diácono diga:

    OÍD, montes, y fuertes fundamentos de la tierra, el pleito del Señor: porque tiene el Señor pleito con su pueblo, y altercará con Israel.

Y el Ministro diga:

    PUEBLO mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí. Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí; y envié delante de ti a Moisés, y a Aarón, y a María. Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac, rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor, desde Sittim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias del Señor.
    R. ¿Con qué prevendré al Señor, y adoraré al alto Dios? ¿Vendré ante Él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Agradaráse el Señor de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma?
    V. Oh hombre, Él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti el Señor. Solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.
 

 

Todos de rodillas, el Ministro diga:

    OH Cristo, Dios de nuestra salud, que con tu pasión puedes dominar las pasiones todas de los hombres. Apiádate del pueblo de Israel, conviértele y tráele a ti. Haz que miren a quien traspasaron, y vengan a ti gimiendo y llorando. Concédeles perdón de todos sus pecados, gracia para servirte, y al fin la vida eterna. R. Amén.

Puede cantarse un HIMNO.

¶ Después del canto, sentada la Congregación, el Ministro, en pie, diga:

    ESCUCHAD, hermanos, la Profecía.

Y lea el capítulo 53 de Isaías.

¶ Terminada la Profecía, todos en pie, diga el
Ministro
:

    MUY triste está mi alma, hasta la muerte.
    R. Hánse multiplicado mis enemigos; muchos se levantan contra mí.

Y cántese o léase la siguiente ANTÍFONA:

    CUANTOS pasáis por el camino, 
    Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido;
    Porque el Señor me ha angustiado en el día de su enojo.

¶ Después de la Antífona, diga el Diácono:

    OÍD esto, pueblos todos; escuchad, habitadores todos del mundo; así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente.

Y lea el Ministro las palabras del Salmo 22, del modo que sigue:

    DIOS mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?, ¿por qué estás lejos de mi auxilio y de las palabras de mi clamor?
    Dios mío, clamo de día, y no me oyes; y de noche, y no hay para mí descanso.
    Tú, empero, eres santo; Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
    R. Oh Señor, por tu muerte salva a todos los hombres.
    V. Yo soy gusano y no hombre; oprobio de los hombres, y desprecio del pueblo.
    Todos los que me ven, escarnecen de mí, abren los labios, y menean la cabeza, diciendo:
    Remítese a Jehováh, líbrele; sálvele, puesto que en él se complace.
    R. Oh Señor, por tu muerte salva a todos los hombres.
    V. No te alejes de mí; porque la angustia está cerca, porque no hay quien ayude.
    Hánme rodeado muchos toros; fuertes toros de Basán me han cercado.
    Abrieron contra mí sus bocas, como león rapante y rugiente.
    R. Oh Señor, por tu muerte salva a todos los hombres.
    V. Héme escurrido como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron: mi corazón es como cera desliéndose en medio de mis entrañas.
    Secóse como tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte.
    Porque me han rodeado como canes; háme cercado cuadrilla de malignos.
    R. Oh Señor, por tu muerte salva a todos los hombres.
    V. Horadaron mis manos y mis pies; contar puedo todos mis huesos; ellos miran y me contemplan.
    Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi túnica echaron suertes.
    Mas tú, Señor, no te alejes: fortaleza mía, acude a mi socorro.
    R. Oh Señor, por tu muerte salva a todos los hombres.
    V. Saca de desolación a mi alma, de garra fiera a mi vida.
    Sálvame de la boca del león, y líbrame de los cuernos de búfalos silvestres.
    Y anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la congregación te alabaré.
    R. Oh Señor, por tu muerte salva a todos los hombres.
 

 

Todos de rodillas, el Ministro diga:

    ¡OH Cristo, Salvador del mundo: Tú que no deseas la muerte del pecador, sino que se convierta y viva; y que no viniste para condenar al mundo, sino para que el mundo fuera salvo por ti; y que dijiste: “si yo fuere levantado, a todos traeré a mí mismo”; Tú que fuiste entregado en manos de los gentiles, clavado en la cruz, y entre horribles angustias diste tu vida por los pecados de todo el mundo! Dígnate apresurar el día en que todas las naciones han de ser benditas en ti; destruye toda superstición;. disipa todo error; confunde toda impiedad; y haz que todos los hombres vengan arrepentidos a tu presencia, y te reconozcan y te sirvan y te aclamen su Rey, su Salvador y su Señor.
    R. Amén.

Puede cantarse un HIMNO.

¶ Después del canto, sentada la Congregación, el Ministro, en pie, diga:

    LA lección del Nuevo Testamento se halla en el Evangelio según San Juan, capítulo 18.

Y lea Juan, VXIII. 28 a 40.

Terminada la Lección, todos en pie, diga el Ministro:

    TODOS nosotros nos descarriamos como ovejas.
    R. Más en Jesús cargó el Señor el pecado de todos nosotros.

Y cántese o léase la siguiente ANTÍFONA:

    HE aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
    El Cordero que fué inmolado,
    Es digno de tomar el poder, y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y alabanza, por siempre jamás.

¶ Después de la Antífona, diga el Diácono:

    HERMANOS, imploremos al Cordero de Dios, a quien es dada toda potestad en los cielos y en la tierra, y con toda suplicación le roguemos que es-. cuche propicio nuestras preces.
 

 

 Y todos de rodillas, díganse las PRECES:

    OH Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
    R. Tú que quitas el pecado del mundo, recibe nuestra súplica. 
    V. Tú que en la cruz excusaste a los ignorantes,
y pediste al Padre perdón para ellos: apiádate de
todos los que procuran servirte, mas no conforme
a ciencia; y disipando la ignorancia que ciega sus
mentes, llénalos del resplandor de tu verdad.
    R. Oh Cordero de Dios, recibe nuestra súplica.
    V. Tú que recibiste en tu reino al malhechor arrepentido: apiádate de todos los- que sienten amor a la verdad, y reúnelos en derredor de ti, para que no haya más que un solo aprisco y un solo Pastor.
    R. Oh Cordero de Dios, recibe nuestra súplica.
    V. Tú que dejaste el legado de tu amor a Juan para que recibiese a María como su madre, y a María para que recibiese a Juan por hijo: apiádate de todos tus discípulos, y concédeles que estén siempre unidos y se amen con el amor con que tú mismo los has amado.
    R. Oh Cordero de Dios, recibe nuestra súplica.
    V. Tú que te encontraste en la amargura de quien se ve abandonado de Dios: apiádate de todos los enfermos, atribulados, desamparados, presos y esclavos; y concédeles a cada uno conforme a su necesidad, y según la medida de las riquezas de tu misericordia.
    R. Oh Cordero de Dios, recibe nuestra súplica.
    V. Tú que en medio de tus angustias te sentiste abrasado por la sed y bebiste vinagre; apiádate de tus redimidos, y hazlos sedientos de paz y de virtud, para que reinen éstas sobre la tierra, aunque hayan de sufrir por ello algún perjuicio temporal.
    R. Oh Cordero de Dios, recibe nuestra súplica.
    V. Tú que expirando en la cruz, consumaste la obra de expiación y redención, para la cual descendiste del Padre: apiádate de todo el género humano; haz que venga pronto tu reino; y como Tú fuiste hecho pecado por los hombres, sean hechos todos ellos justicia de Dios en ti.
    R. Oh Cordero de Dios, recibe nuestra súplica.
    V. Tú que al morir encomendaste al Padre tu espíritu: apiádate de tus santos sobre la tierra, y enséñales a que echen siempre su carga sobre Dios, seguros de que por tu mediación todas las cosas resultarán para su bien.
    R. Oh Cordero de Dios, recibe nuestra súplica. 
    V. Oh Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
    R. Tú que quitas el pecado del mundo, recibe nuestra súplica.

Diga el Diácono:

HERMANOS, levantaos.
 

 

Y todos en pie, el Presbítero (o el Obispo, si está presentediga:

    OH Cristo, Cordero de Dios, Hijo unigénito del Padre, que por nosotros y por todo el mundo te ofreciste en propiciación sobre la cruz, muriendo inocente a manos de los inicuos. Acuérdate del valor infinito de tu preciosa sangre, y borra el pecado de todo tu pueblo. Y puesto que te dignaste sufrir vilipendios, bofetadas, ligaduras, azotes, corona de espinas, cruz, clavos, amargura, muerte, lanzada, y, por último, sepultura; concede a los míseros mortales, por quienes tanto padeciste, la bienaventuranza infinita de tu reino celestial: para que cuantos se postren delante de ti, recordando tu pasión y adorándote como el Cordero que fué inmolado, sean levantados a lugares celestiales, donde disfruten del gozo de tu gloriosa resurrección.
    R. Amén.
    V. Por tu misericordia, oh Dios nuestro, que eres bendito y vives y gobiernas todas las cosas por los siglos de los siglos.
    R. Amén.

Cántese o léase la siguiente ANTÍFONA:

    CRISTO Jesús, hallado en la condición como hombre, se humilló a sí mismo,
    Hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
    Y llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia.

¶ Después de la Antífona, el Diácono diga:

HERMANOS, inclinaos a la bendición.

Y de rodillas la Congregación, el Ministro, en pie, diga:

    EL Señor sea siempre con vosotros.
    R. Y con tu espíritu.
    V. Socórranos la gracia de Cristo Jesús, que por nosotros sufrió angustias y muerte.
    R. Amén.
    V. Rasgue la cédula de nuestros delitos, quien por su muerte libertó al mundo.
    R. Amén.
    V. E introdúzcanos en el santuario eterno, quien por una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
    R. Amén.
    V. Por la misericordia del mismo Dios nuestro, que es bendito y vive y gobierna todas las cosas por los siglos de los siglos.
    R. Amén.

Todos en pie, cántese o léase la siguiente DOXOLOGÍA:

    AL que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre: a Él sea gloria e imperio para siempre jamás. Amén.

¶ Y diga el Ministro:

    EN el nombre de Jesucristo nuestro Señor, terminemos con paz.
    R. Gracias sean dadas a Dios. Amén.


 

 

¶ Si hubiere SERMÓN, el Ministro que haya de
predicar diga la
 ORACIÓN que sigue:

    ESCUCHA, oh Señor, nuestra plegaria.
    R. Y está atento a la voz de nuestras súplicas.
    V. Dios de amor y Padre de las misericordias. Concédenos con tu gracia la libertad de entrar en tu santuario por la sangre de Jesucristo, por el camino que Él nos consagró, nuevo y vivo. Haz que teniendo este Gran Sacerdote sobre la casa de Dios, nos lleguemos con corazón verdadero y plena fe, purificados los corazones de mala conciencia, y manteniendo firme la profesión de nuestra fe, sin fluctuar; considerándonos los unos a los otros, para provocarnos al amor y a las buenas obras.
    Danos que aprendamos todos de Cristo a ser mansos y humildes de corazón, a fin de que hallemos reposo para nuestras almas. Vístenos, como a escogidos tuyos, de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre y tolerancia, para que perdonemos como Cristo nos ha perdonado, y seamos perfectos como Tú, oh Padre celestial, eres perfecto.
    Ilumina nuestras mentes con la luz de tu divino Espíritu, para que comprendamos tu santa Palabra; y recibe el homenaje de nuestra adoración, en el nombre de nuestro único Redentor y Medianero, de aquel que nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición, Jesucristo nuestro Señor.
    R. Amén.

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Después del Sermón puede cantarse un HIMNO. Terminado el canto, diga el Ministro la ORACIÓN siguiente:

    DEMOS gracias al Señor.
    Dios y Padre celestial. Te damos gracias, porque Jesucristo vino al mundo, para llamar, no justos, sino pecadores al arrepentimiento; porque se mostró amigo de los pecadores; y porque es el Cordero sin mancilla que quita el pecado del mundo.
    Te bendecimos, porque Jesús gustó la muerte por todos, y así destruyó al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo; porque por una sola ofrenda ha hecho perfectos para siempre a los santificados; porque, presentándose para deshacimiento del pecado por el sacrificio de sí mismo, por el eterno Espíritu se ofreció sin mancha a Dios, y por su propia sangre entró una vez en el santuario, habiendo obtenido para nosotros eterna redención.
    Grande es el amor con que Jesús nos ha amado. ¿Quién puede comprender la anchura y la largura y la profundidad y la altura de ese amor que excede a todo conocimiento? Digno es el Cordero que fué inmolado, de recibir el poder, y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra, y gloria y alabanza; porque Él fue inmolado, y nos redimió para Dios con su sangre.
    Acepta, oh Señor, el sacrificio espiritual de nuestras alabanzas y hacimientos de gracias; perdona todas nuestras flaquezas, y despídenos en paz con tu divina bendición. Y el poder y el honor y la gloria sea a ti, Dios Altísimo, con tu Hijo eterno, y con el Santo Espíritu, por los siglos de los siglos.
    R. Amén.

No se dice Doxología.

El Ministro invoque la bendición divina con uno de los Textos acostumbrados.


¶ Si se celebraren dos Cultos en este día, y uno de ellos no fuere la Santa Comunión, se usará para el primero el Oficio precedente íntegro, y de él se tomarán para el segundo las porciones que se quieran, sirviendo de Lecciones las siguientes:

   Números, XXI. 1 a 9; Mateo, XXVII. 27 a 54; Hebreos, IX. 16 a 28.

 

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