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‘Las personas han logrado vivir audazmente’, dice la obispa sufragánea Barbara Harris

Comunión Anglicana
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En su tiempo fue una de las primeras mujeres ordenadas presbiteras, luego recibió el orden episcopal; La obispa insiste en su llamado a una mayor diversidad en la Iglesia Episcopal 

El histórico ministerio ordenado de la ya jubilada obispa sufragánea de Massachusetts siempre ha incluido la defensa por la plena inclusión de todas las personas en la vida de la Iglesia Episcopal.

Harris comenzó a hacer historia con esa defensa siendo aún laica, el 29 de julio de 1974, como crucífera en el oficio de la iglesia del Defensor [Church of the Advocate] en Filadelfia, Pensilvania, cuando 11 mujeres diáconas y cuatro obispos quebrantaron la prohibición existente contra la ordenación de mujeres al presbiterado de las iglesias Episcopal y Anglicana (A las mujeres se les había permitido ser diáconas en la Iglesia desde 1889. Se les conoció como diaconisas hasta 1970).

En la Convención General de 1976, la Iglesia Episcopal resolvió la rebelión que comenzó con las once de Filadelfia y convino en permitir que las mujeres llegaran a ser presbíteras y obispas.

A Harris la ordenaron diácona en 1979 y en octubre de 1980 se convirtió en presbítera.

La ex ejecutiva de relaciones públicas dejó su marca más importante en la historia de la Iglesia en 1989 cuando se convirtió en la primera obispa de la Comunión Anglicana. Su elección y subsecuente ordenación y consagración suscitaron regocijo, pero también provocaron obscenidades, amenazas de muerte y la partida de algunos episcopales de la Iglesia.

En abril, después de 28 años y 266 obispos más de la Iglesia Episcopal, Harris ayudó a ordenar y consagrar a la Rvdma. Jennifer Baskerville-Burrows como la primera obispa diocesana negra de la Iglesia Episcopal.

Ahora, mientras la Iglesia contempla como fomentar una Cámara de Obispos más diversa, Harris habló con Episcopal News Service acerca de por qué la Cámara sigue siendo mayoritariamente masculina y blanca.

Usted estaba allí el 29 de abril cuando Jennifer Baskerville-Burrows hizo historia al convertirse en la primera obispa diocesana negra de la Iglesia Episcopal. ¿Qué significó eso para usted?

Pensé que representaba un hito en la Iglesia, particularmente para las mujeres negras. Una de las cosas que me impresionó fue la marcada presencia de clérigas negras de todo el país que estaban allí para apoyar y celebrar en esa ocasión. Me sentí muy conmovida por toda la jornada, por ese íntegro fin de semana.

Obispa Barbara Harris Edad: 87 (cumplidos el 2 de junio de 2017) Nacida en: Filadelfia, Pensilvania Escolaridad: Asistió a la Universidad de Villanova y a la Unidad de Teología Urbana en Sheffield, Inglaterra, y también se graduó de la Fundación de Pensilvania para el Consejo Pastoral. Trabajo y activismo: Harris trabajó en relaciones públicas antes de su ordenación y fue activa en el movimiento de los derechos civiles, incluida la marcha de Selma a Montgomery, Alabama. De 1980 a 1984, fue sacerdote a cargo de la iglesia de San Agustín de Hipona  [St. Augustine of Hippo] en Morristown, Pensilvania. Fue también capellana de prisión. En 1984, se convirtió en directora ejecutiva de Episcopal Church Publishing Co., editora de The Witness,         publicación] que abogaba por los ministerios de paz y justicia en la Iglesia. Fue asociada en la iglesia del Defensor  [Church of the Advocate] en Filadelfia, la cual la auspició para la ordenación, de 1984 a 1988, cuando fue nombrada interina a cargo.

Obispa Barbara Harris
primera mujer presbitera en la iglesia episcopal

Durante sus casi 38 años en el ministerio ordenado, ¿qué tipo de cambios ha visto en las actitudes de los episcopales hacia las mujeres y las personas de color en puestos de liderazgo en la Iglesia?

Ciertamente, ha habido algunos cambios con la elección y consagración de varias mujeres, entre ellas tres mujeres negras, como obispas. He lamentado que más mujeres no hayan sido electas obispas, pero creo que algo de eso se debe a que algunas mujeres están renuentes a someterse al proceso de elección.

¿Por qué cree eso?

Creo que hay alguna resistencia a las mujeres en el episcopado. No creo que la Iglesia esté tan abierta como la gente podría creer que lo está.

¿Quién debe ser responsable de cambiar esas actitudes?

Creo que compete a todos nosotros en la Iglesia el estar más abiertos a las mujeres y a los homosexuales y a las personas de color. No creo que esta Iglesia sea tan abierta sexual y racialmente como la gente tiende a pensar.

¿Qué deberían tener en cuenta las diócesis cuando buscan y nominan candidatos a obispos?

Cuando comienzan el proceso de búsqueda y crean un comité de búsqueda y elaboran sus perfiles y sus criterios para el cargo, deberían expandir sus ideas respecto al papel [a desempeñar] y qué clase de persona con qué tipo de experiencia debería tomarse en consideración. Usualmente, un comité de búsqueda cuenta con un consultor, y creo yo que la gente que sirve de asesores a los comités de búsqueda debe estimular una ampliación de perspectiva en el perfil.

¿Cómo debería el laicado y el clero que eligen a los obispos discernir su elección?

Ellos realmente no disciernen su elección hasta que tiene lugar todo el proceso. Deben verse expuestos a un amplio espectro de candidatos o nominados.

¿Qué consejo les daría a las mujeres y a las personas de color respecto a percibir un llamado al episcopado?

Creo que las personas deben examinarse con mucho cuidado y estar abiertos a un llamado a una dimensión más amplia del ministerio como la que representa el episcopado. Creo que hay muchísimas mujeres y personas de color que están renuentes a hacer eso. El rechazo histórico tiene un gran papel que desempeñar en eso. Las personas llegan a esta conclusión: ¿por qué debo pasar por ese proceso que no va a conducirme a ninguna parte?” Cuando a mí me pidieron que autorizara incluir mi nombre en el proceso aquí en Massachusetts, me dije a mí misma, nada saldrá de esto, pero la gente al menos debe tener la oportunidad de considerarlo. En particular, mientras participaba en el proceso, que entonces llamábamos “el circo”, me dije, nunca más en mi vida voy a ver a esta gente, de manera que podría decir exactamente lo que tengo en mente. Lo hice y mira lo que me ocurrió. La gente me dijo después de la elección: “usted fue la nominada que nos dio respuestas sinceras y no nos dijo lo que pensaba que queríamos oír”.

A las personas de color y las mujeres y los LGBT ¿los nominan como para llenar las apariencias de manera que las diócesis puedan hacer una marca en la casilla de “diversidad”?

Creo que esto pasa muchísimo. [Eso hace más difícil tomar una decisión de participar en una elección en particular]. La gente no quiere que su nombre avance en un proceso porque pueden pedirles que permitan presentar sus nombres en algún otro lugar, y si participas en demasiadas elecciones episcopales sin resultar electa, te conviertes en una especie de trapo sucio. La gente tiene una tendencia a decir: “Bueno, ella ha estado en tres elecciones episcopales y no lo ha conseguido”. Creo que la gente debe mirar con mucho cuidado la diócesis en la que pueden pedirle que someta su nombre a consideración, y si parece totalmente imposible, dada la composición de la diócesis y su funcionamiento —no sólo su historia, sino su orientación actual—debe considerar eso muy cuidadosamente. Los comités de búsqueda también tienen que estar conscientes del clima de sus diócesis.

Usted no tuvo un episcopado apacible, al menos al comienzo, cuando se convirtió en el punto focal del debate sobre la ordenación de las mujeres, especialmente como obispos. Si tuviera la opción de volver atrás, y sabiendo lo que ahora sabe, ¿aún lo haría?

Creo que podría partir de las mismas bases por las que tomé la decisión entonces, de que debían tener la oportunidad de tomarme en consideración, llevara eso a alguna parte o no. Creo que tomaría la misma decisión. Creo que fue la decisión correcta, a pesar de algunos cosas feas asociadas con el comienzo.  Resumiendo, ha sido un buen ministerio para mí. Estoy revisando el manuscrito de un libro que estoy haciendo. Abro cada capítulo con un verso, bien de un himno o de un cántico espiritual. El último capítulo abrirá con un himno góspel : “No me siento cansada en modo alguno. He llegado muy lejos de donde comencé. Nadie me dijo que el camino sería fácil, pero no creo que él me trajo hasta aquí para abandonarme”. Esa es la manera en que yo resumiría mi ministerio.

¿Hay alguna otra cosa acerca de este tema de la diversidad en la Cámara de Obispos que le gustaría decir?

 

Creo que más mujeres y más personas de color, no sólo afroamericanos, sino más personas de color, deben tener el valor de hacer saber que están dispuestas a que se les consideré [para el episcopado]. Ahora bien, sé que eso es pedir muchísimo, pero la gente ha logrado vivir audazmente. En eso consiste el ministerio en cualquier calidad, ya sea laico u ordenado.